Ellos son los distintos, y son tan distintos, que no cumplen con ningún estándar del fútbol. Son pequeños, flacos, gorditos, no corren mucho, no hacen muchos goles y no saben destruir, sólo construyen para hacer de este juego algo lindo para contar. Se dice que algunos ya están viejos, pero siguen marcando la diferencia, lo malo es que de “los diferentes” ya quedan muy pocos.
Esos que fueron los elegidos por la pelota para que la acariciaran y la llevaran de paseo por la cancha, para que descanse plácidamente unos segundos en el arco contrario alegrando a los miles que así lo ansían.
Les hablo de los "10", esa especie que está en peligro de extinción, esa figura que antes era mítica y respetada, ahora simplemente se ha convertido en un simple número de camiseta. Tal vez por la "evolución" del fútbol, o por la "disposición táctica", o porque simplemente el son una edición limitada y por eso valen más que el resto.
Se oye hablar de equipos con vértigo, pero siempre con algo en común para algunos, son equipos sin ideas.
Es muy bonito para los tácticos decir que cuando el equipo tiene el balón debe soltar a los laterales, o que cuando defiende, debe estar todo el equipo detrás de la línea del balón, y que la transición de defensa a ataque tiene que ser a toda velocidad, pero cuando el partido está cerrado y el otro equipo juega de la misma manera, y no se encuentra el camino para romper esa línea, es cuando ellos aparecen iluminados con la rebeldía del potrero, y por la magia que les ha regalado el fútbol para que el balón se deje llevar a donde ellos piensan.
¿O es que acaso no han visto que las defensas más duras, pueden romperse cuando ese jugador propone una pared, o cuando pone un pase al vacío que ni los mismos defensores entendieron por dónde pasó?
Como hincha del fútbol me preocupa ver que ese jugador diferente se ha ido perdiendo, que la parte física está acabando con la rebeldía y picardía que hace que el trabajo defensivo del otro equipo no haya servido, que ese jugador que en un segundo le da el vuelco a la historia, está siendo sacrificado por la presión del resultado.
Porque hay algo muy claro, el balón parece sentirse muy cómodo en los pies de los “10”. Los que hacen que el panorama se vea claro y que la esperanza de que haya una jugada, un amague, un caño o un pase del que se hable por muchos días meses y años, crezca.
Ojalá el “fútbol moderno” no los acabe porque el fútbol los recuerda, y sobre todo los necesita. Es que gracias a ellos el fútbol dejó de ser un deporte para convertirse en una pasión.
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